¿En qué mundo vivimos?



¿En qué mundo vivimos?

El mundo en el que vivimos tiene muchas caras ¿Cuál nos ve de frente?

Los seres humanos tendemos naturalmente a percibir solo lo que nos interesa, creando así, un mundo a nuestra medida, una abstracción reducida de la realidad. A pesar de que no existan pruebas comprobables y objetivas, podemos aceptar creencias o percepciones ilusorias. Solo basta con tener una idea preestablecida sobre algo o alguien, para contar con un criterio personal, no importando si corresponde o no con la realidad. En términos generales, podemos denominar a esta forma de articulación del pensamiento, como pensamiento mágico. El pensamiento mágico es una forma de pensar basada en la fe, la imaginación, los deseos, las emociones o las tradiciones que genera opiniones carentes de fundamentación lógica. El pensamiento mágico es un raciocinio causal no científico.

El pensamiento mágico es inherente a todo ser humano, ya que involucra, en mayor o menor medida, a las emociones, lo que puede hacer que perdamos la dirección hacia la realidad. En esta lógica, lo menos importante es comprobar si nuestra percepción del mundo es objetiva o no, simplemente nos enfilamos en una escalada de “ideas – reacciones” que nos pueden llevar a direcciones insospechadas. El pensamiento mágico, sin exageraciones, rige de forma sustancial nuestro actuar, nuestro sentir y por lo tanto como nos comportamos a lo largo de nuestra vida.

Este fenómeno se debe principalmente a dos factores: El primero, está determinado por la estructuración de los mecanismos nerviosos de la percepción y del procesamiento de la información que nos rodea. El segundo, es debido a como aprendimos a interpretar el mundo que nos rodea desde etapas muy tempranas de nuestra vida. En consecuencia, el ambiente en el que nos desarrollamos es crítico para definir como será nuestra interpretación del medio, por el resto de nuestra vida. Por supuesto en esta ecuación tenemos un elemento más, la educación científica; que debe de brindar las herramientas suficientes para tener un pensamiento racional y más apegado a la realidad.

Con lo mencionado arriba, surgen varias preguntas que vale la pena formular. ¿En qué ambiente se están formando las nuevas generaciones? ¿En qué ambiente se formaron todas nuestras generaciones pasadas? ¿Cuál será la cosmovisión de nuestras nuevas generaciones? ¿Cuál ha sido la cosmovisión de numerosas generaciones pasadas? ¿Qué país, qué sociedad, qué mundo tenemos? Hoy somos como sociedad, y como individuos, lo que nuestros antepasados construyeron en forma eslabonada, sin diferenciar mejores o peores tiempos, ya que somos producto de las mismas materia prima. En este punto vale la pena destacar, que no hay que confundir el desarrollo científico y tecnológico de la humanidad con la naturaleza subjetiva del pensamiento humano.

Aplicando estos conceptos a nuestra realidad nacional, pensemos una vez más. ¿De qué ambiente se alimentan los niños de hoy? ¿Qué pensamiento están formando los niños de hoy? ¿Qué consecuencias han tenido para nuestro país el crear un mundo donde la muerte, la violencia, la mentira, la competencia, la popularidad, el poder, el dinero y el dominio rigen y han regido a nuestra sociedad? ¿Cómo se asumirá a si mismo y a sus semejantes un individuo que percibe que solo los poderosos arreglan el mundo a su criterio y a su conveniencia?

¿Cómo sacar de esta encrucijada a un nuevo ser? Muy simple en la respuesta, muy difícil al tratar de llevarla a cabo. Crear un ambiente basado en la educación científica y en el afecto, solo así se fortalecerá al individuo en cuerpo y mente. Solo así nos valoraremos más y más. Solo así podremos crear sociedades fuertes que se alejen de pensamientos mágicos y en consecuencia de una gran vulnerabilidad.