La incertidumbre.



Incertidumbre


Ante la incertidumbre de la vida, fijemos nuestras prioridades y nuestras metas, es la única guía que evitara caminar sin rumbo.

Una de las sensaciones más inquietantes que podemos percibir, es la incertidumbre. Es una flama lenta que poco a poco nos alcanza. Puede ser una sensación tolerable, pero no nos deja. Empieza por penetrar en nuestros tejidos, merma nuestras barreras y reduce nuestra energía hasta el límite. No es un vampiro que nos drene la sangre, es un verdadero parásito que ataca nuestra tranquilidad. La incertidumbre es luchar en contra de un tiempo, de un medio, de una respuesta que aun no ha nacido, que aun no está presente. Es una anticipación a nuestra existencia. Sin embargo, no es del todo irracional. La incertidumbre se gesta a partir del caos, a partir de una sorpresa constante que no permite reconocer un patrón, que no permite adelantar una predicción.

En este sentido los humanos requerimos un medio con un grado de certidumbre tal, que nos haga sentir que todo está bajo control y que el día de mañana será igual al de hoy. Solo pedimos que exista un orden que no complique más nuestra vida presente, al sembrar la duda del mañana. La humanidad ha vivido soportando abnegadamente la incertidumbre, no tenemos alternativa. Nadie podrá saber que ocurrirá al siguiente instante de leer estas palabras, pero nos defendemos creyendo que sí.

Como humanidad tratamos de crear medios que reduzcan la incertidumbre. Construimos leyes, reglas, patrones, culturas, todo un entramado que nos arrope y nos de protección contra nuestra inevitable finitud. Construimos, como sociedad, un orden que cuente con causas y efectos, que nos brinde lecturas rápidas de lo que pasará mañana. Todos, absolutamente todos, contribuimos con la construcción del orden y en consecuencia con el control aparente del mañana. Construimos un orden interno, un orden externo y un orden colectivo. ¿Pero qué ocurre cuando parte de nuestra sociedad, de nuestros congéneres, de nuestros semejantes deciden no contribuir más? Empiezan a emerger numerosos patrones, conductas, acciones que solo crean el caos. Y con el caos llega la sombra de la incertidumbre, del obscurantismos, del salvajismo y la irracionalidad.

Inmersos en el torbellino de lo desconocido, tratamos de entender y nos preguntamos compulsivamente: ¿Qué pasa allá afuera? ¿Qué quieren los otros? ¿Por qué hacen eso? ¿Por qué nos odian tanto? ¿Por qué no hay un límite en la maldad, en la sangre, en el dolor? ¿Por qué algunos no importan nada y otros importan tanto? ¿Por qué la miseria de tantos se insulta con la impía ambición de tan pocos? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Si bien la incertidumbre nace del choque de lo que yo deseo contra la realidad, podemos reducir la brecha compartiendo nuestros sueños, nuestras esperanzas, nuestros proyectos. Construyendo una realidad que se imponga de manera sincrónica y colectiva. Construyendo un individuo, una familia, una sociedad de acuerdo a nuestros deseos. Enfilando nuestras prioridades y nuestras metas hacia un rumbo concéntrico, hacia un futuro común.