El Minotauro, Teseo y un Mexicano.



El Minotauro, Teseo y un Mexicano.


El Minotauro sólo comía carne humana, y conforme crecía se volvía más salvaje. Cuando la criatura se hizo incontrolable, Minos ordenó a Dédalo construir una jaula gigantesca de la cual el Minotauro no pudiera escapar. Dédalo entonces construyó el laberinto, una estructura gigantesca compuesta por cantidades incontables de pasillos que iban en distintas direcciones, entrecruzándose entre ellos, de los cuales sólo uno conducía al centro de la estructura, donde el Minotauro fue abandonado.

Minos atacó el territorio ateniense y, ayudado por la peste que azotó a los asediados, conquistó Megara e hizo rendir a Atenas. La victoria de Minos imponía varias condiciones por la rendición, y se dice que el oráculo de Delfos fue quien aconsejó a los atenienses ofrecer un tributo a Creta.

Así, una de las condiciones emergentes era entregar a siete jóvenes y siete doncellas como sacrificio para el Minotauro. Los catorce jóvenes eran internados en el laberinto, donde vagaban perdidos durante días hasta encontrarse con la bestia, sirviéndole de alimento.

Años después de impuesto el castigo a los atenienses, Teseo, hijo de Egeo, se dispuso a matar al Minotauro y así liberar a su patria de Minos y su condena. Ariadna, hija del rey, quien se enamoró de Teseo, viendo la valentía del joven, se dispuso a ayudarlo. Le entregó un ovillo para que, una vez que hubiera ingresado en el laberinto, atara un cabo a la entrada. Así, a medida que penetrara en el laberinto el hilo le guiara para encontrar el camino hacia la salida.

Así Teseo entró en el laberinto hasta encontrarse con el Minotauro, al que dio muerte. A continuación recogió el hilo y así pudo salir del laberinto e inmediatamente, acompañado por el resto de atenienses y por Ariadna, embarcó de vuelta a Atenas, tras hundir los barcos cretenses para impedir una posible persecución.

He querido citar este pasaje de la mitología griega para reflexionar sobre que podemos hacer para vencer la adversidad que hoy persigue a nuestro país.

No se requiere de imaginación para poder encontrar paralelismos entre este mito y lo que vivimos actualmente. Todo protagonizado por: un ser maligno y opresor, un héroe y una enamorada que le da la fuerza para vencer al mal. En nuestra vida nacional, existe un “Minotauro” que se alimenta de carne humana, encerrado en un laberinto llamado México, donde en cualquier carretera, cualquier calle, cualquier lugar podemos ser victimas de él. Creo que podemos hacer miles de metáforas históricas, fantásticas o científicas, sobre lo que nuestro país sufre en estos días.

Lo importante es, que más allá de tratar de hacer un ejemplo gráfico de nuestra vida contemporánea, reflexionemos en ese ingrediente indispensable de toda lucha del bien contra el mal. ¿Cómo parar el avance del mal, cómo parar el abuso, cómo evitar caer en sus trampas, cómo regresar a la vida y salir a la superficie para convertirse en un héroe vencedor después de destruir al enemigo?

En este punto es donde la mitología y la metáfora ya no nos son útiles. No podemos esperar la llegada de un héroe, para que con la fuerza de su amada, venza al mal. No debemos de delegar en otros, la responsabilidad que nos corresponde a cada uno de los que vivimos es este país. Debemos de convertirnos cada uno, en un héroe que empiece por vencer sus propio “Minotauro”, cada uno de nosotros tenemos una causa de lucha personal, que poco a poco podrán converger en causas comunes. Empecemos por vencer a al “pequeño Minotauro” para lograr vencer poco a poco al “Gran Minotauro”.

No hay causas contrarias, injustas o perdidas, solo decisión para vencerlas. Pero surge la pregunta: ¿Cómo vencer al Minotauro? Primero tomar la actitud de Teseo, tener valor para enfrentar nuestros miedos, nuestras deficiencias y nuestros vicios. Vencer al Minotauro requiere tener siempre una actitud de Teseo alimentado por el amor a nosotros mismos y por el prójimo. No esperemos que otros hagan, lo que nosotros no estamos dispuestos a hacer. Si cada uno vence a su propio Minotauro, todos podremos vencer al “Gran Minotauro” que nos infringe miedo y opresión.

También, ya hemos escuchado en múltiples ocasiones que nosotros somos muchos y ellos muy pocos, pero mientras no tratemos de recuperar nuestro capital (humano, social, cultural y económico) no podremos participar en un juego que por siglos solo hemos observado, como testigos silentes y pasivos.