No es suficiente la energía y la acción.

decisiones
 

Simposio (Banquete) o de la Erótica. Fragmento.

Es sorprendente cómo se interesa todo el mundo por el triunfo del hombre que ama; se le anima, lo cual no se haría si el amar no se tuviese por cosa buena; se le aprecia cuando ha triunfado su amor, y se le desprecia cuando no ha triunfado.
Las costumbres permiten al amante emplear medios maravillosos para llegar a su objeto, y no hay ni uno solo de estos medios que no le haga perder la estimación de los sabios, si se sirve de él para otra cosa que no sea para hacerse amar.
Porque si un hombre con el objeto de enriquecerse o de obtener un empleo o de crearse cualquier otra posición de este género, se atreviera a tener por alguno la mejor de las complacencias que tiene un amante para con la persona que ama; si emplease las súplicas, si se valiese de las lágrimas y los ruegos, si hiciese juramentos, si durmiese en el umbral de su puerta, si se rebajase a bajezas que un esclavo se avergonzaría de practicar, ninguno de sus enemigos o de sus amigos dejaría de impedir que se envileciera hasta este punto.
Los unos le echarían en cara que se conduce como un adulador y como un esclavo; otros se ruborizarían y se esforzarían por corregirlo.

Pausanias.




¿Qué perseguimos en una vida, en una ilusión, en un anhelo personal? Toda acción en sí misma no es bella ni fea, no es buena ni mala; cada acción, cada pensamiento, depende de un contexto, de un tiempo. Las emociones encausan a las acciones y les imprimen su juicio de valor, un juicio de valor colectivo gestado en el seno de nuestro origen y de nuestro desarrollo diario. La forma de actuar, de decidir y de ganar fuerza o apatía ante un estimulo, puede obedecer a reglas de lo aceptado o no, de la moral o no, de lo espiritual o no. Cualquiera que sean las reglas o los preceptos que nos rigen, actuar en contra de ellas nos pueden conducir al descredito o a la condena, actuar de acuerdo a ellas, nos ubican en lo aceptable o reconocido, como las nobles reglas del amor.

Aspirar a algo superior, poniendo el corazón en lo noble, puede ser una utopía para el espíritu humano. Sin embargo, esta aspiración puede negar su propio destino a pesar de toda la energía que se imprima para alcanzarla. El destino de los sueños no transita por caminos corrientes y directos; no depende de inspiraciones o estados de seriedad, tampoco depende solo de la formulación de preguntas y de la búsqueda intensiva de respuestas. El destino de los sueños depende del imaginario qué nos conforma y al cual nos debemos. La voluntad y el coraje puede imprimirnos gran energía y llevarnos por caminos insospechados. Pero, ¿Por cuáles caminos transitaremos? ¿Qué destinos construiremos? ¿Nuestro destino, nuestras metas no se formularon por el coraje y por la perseverancia? ¿Nuestro presente y nuestro posible viaje a un futuro anhelado, no surgieron de nuestra energía y determinación del día de hoy? Los objetivos se han establecido desde nuestro nacimiento, desde nuestro alimento social, desde nuestro alimento emocional diario.

Las emociones nos guían como banderas que señalan lo bueno, lo malo, lo constructivo, lo destructivo, el deber y el ser. Pero, ¿Qué vientos marcan la dirección de esas banderas? Su dirección puede confundirnos y evitan que veamos un punto o el otro. Su dirección puede cambiar por momentos críticos, o por momentos regocijantes; pueden crear oasis en estepas, o infiernos entre nubes. Las emociones pueden matizar una vida entera, guiándonos a decisiones que marcan destinos. Pero si fuéramos prudentes, deberíamos de confesar que no sabemos ni de la naturaleza de nuestros destinos anhelados, ni de los sueños con que nos guiamos. No sabemos nada de la exacta expresión de la verdad de lo que nuestro imaginario ha construido para nosotros.

A fuerza de intercalar emociones entre fantasías, a fuerza de seguir la guía que el viento emocional nos marca en un momento, alteramos nuestras percepciones y nublamos el punto de nuestro destino. Indagar qué punto podríamos alcanzar y compararlo con nuestro destino utópico, no es tarea fácil, y mucho menos una tarea ociosa, es un acto de creatividad obligado. Llenarse de coraje y energía sin destino conocido, puede conducirnos a objetivos "legítimos" pero no necesariamente idóneos para nuestro desarrollo individual. Conducirnos con energía y coraje, puede golpear fuerte y acelerar el transito y la lucha. Pero ¿En qué dirección?

Colocarse cara a cara con el propio destino, obliga a la observación de lo que nos rodea y de los que nos rodean. No somos islas en medio de continentes, somos fragmentos de lo ya establecido. ¿Qué hay a nuestro alrededor? ¿Cuál es el destino al que se dirigen los que nos rodean? ¿Qué destino alcanzaron los que nos alimentaron? ¿Qué dirección han tomado los vientos emocionales de nuestro entorno personal? Confrontar lo observado con nuestro anhelo utópico, puede cimbrar nuestra base, vulnera nuestras defensas, pero necesariamente provocará la necesidad de un cambio obligado, de una reconstrucción deseada, si el rumbo no es el adecuado. Comparar nuestra posición actual con nuestro anhelo utópico, establecerá un rumbo claro y despejará la senda de una vida. Identificar que vientos mueven nuestras guías, puede encausar toda la energía y determinación de nuestro ímpetu, en la dirección de nuestros anhelos utópicos.

Reconocer donde estamos, ayudará a definir a donde queremos ir. Reconocer donde estamos encausará la energía y nuestro tiempo. Reconocer donde estamos, evitará confusiones, evitará cumplimientos convencionales y nos iluminará para crear la flama utópica de un ser feliz.