Yo soy, ¡Porque nosotros somos!



Yo soy


La felicidad es el alimento que nos hace crecer juntos.

Crecer es un proceso delicado que requiere de equilibrio. La coexistencia del tiempo y la energía los amalgama en notas que crean maravillas. Crecer no es un proceso aislado, no es un mero producto del azar. Crecer es un cambio estructurado, que obedece a la lógica del orden. La construcción de quien somos, de quien seremos, nos exige una transparencia personal, llena de honestidad y autocrítica. Proponer a nosotros mismos un cambio, una renovación, exige las reglas de una sola ley: luchar sin descanso hasta saber que se ha hecho todo lo posible.

Emprender el crecimiento demanda todos nuestros recursos confinados en un tiempo. La planta no puede crecer y dar frutos a la par. El niño solo duerme mientras crece. La idea no se genera y actúa simultáneamente. Ningún descubrimiento, fue generado espontáneamente, fue producto de un tiempo, de un proceso, de una maduración.

Crecer demanda recursos, sustratos a partir de los cuales crear; el tiempo los colecta, los organiza y proporciona capullos de maduración. El tiempo hila y amasa, el tiempo suma y transforma. El tiempo es una urna receptora de todo aquello que nos conformará. Pero ¿Qué puede hacer el tempo cuando la urna está vacía? ¿Qué puede hacer el tiempo cuando los recursos son escasos, o disímbolos? Nada, el tiempo no puede hacer nada, solo actúa con lo que hay. Sin sustrato no hay producto, sin ideas no hay acción. Somos totalmente dependientes de los recursos que nos harán crecer. Somos lo que nuestros recursos son, de cuantos son, de que calidad son. Somos simplemente lo que nos alimenta. Como seres vivos, como humanos, es prioridad buscar, luchar por nuestros recursos, es prioridad, seleccionarlos, definirlos y colectarlos. Es una gran responsabilidad personal, es un compromiso mientras exista vida, invertir toda la energía para su búsqueda y obtención.

Nosotros los humanos nacemos sin recursos y dependemos de lo que otros nos dan, dependemos totalmente de lo que nuestros cuidadores, de lo que nuestro medio nos da. Y nos alimentamos poco a poco con todos los recursos que ellos nos transmiten, con los recursos que ellos han seleccionado, que ellos consideran importantes. Y en automático, y por consecuencia natural, para hacernos llegar todo lo que nos hará crecer, nuestros cuidadores utilizan un instrumento, un vehículo, un conductor esencial, las emociones. En esta etapa temprana de la vida, quedamos permanentemente unidos a quien nos ha dado, a quien nos alimenta, a quien nos procura. Las emociones refuerzan este canal de alimentación, no podemos bloquearlo, no podemos decidir si queremos o no alimentarnos, simplemente quedamos abiertos y conectados a través de ese cordón.

Y empieza el crecimiento a partir de esos recursos prestados, de esos recursos que no elegimos, de esos recursos que solo nos pertenecen porque nos fueron regalados. Y en la medida que el tiempo hace su parte, el hombre crece y adquiere la responsabilidad de iniciar la búsqueda de sus propios recursos, des sus propios intereses. Sin embargo, toda búsqueda, toda adquisición, tendrá como conductor principal a la emoción. Nos alimentamos de información trasportada por las emociones. Los humanos somos seres sociables, seres que requerimos de intercambio, seres que basamos nuestra sobrevivencia en compartir emociones, en compartir experiencias, en compartir ideas. Requerimos de una interacción constante mediada por las emociones para seguir colectando recursos y seguir en crecimiento. Y tenemos como objetivo necesario, crear más y más lazos emocionales, que serán canales de comunicación y alimentación. Pero este esfuerzo tan intenso, puede abrir canales de manera indiscriminada, donde las emociones solo conducen recursos, pero no los clasifican, no los seleccionan, haciéndonos llegar recursos que pueden ser nocivos para crecer.

Y parte de la lucha se centra en buscar y definir, de manera consciente, nuestros canales de comunicación y alimentación, de acuerdo a lo que nosotros hemos definido como importante y necesario. Empezamos a crear una red donde la emoción consolida y afianza lazos hasta que decidimos quienes serán nuestras fuentes de intercambio y alimentación más importantes. Convencidos de que lo que obtengamos será tan benéfico como nuestras ilusiones y nuestros patrones primarios lo han definido. El tiempo nos mostrará si nuestra selección fue adecuada, si lo que nos alimenta es benéfico, si los recursos son realmente materia prima para nuestro crecimiento. Somos responsables de observar las señales que nos muestren nuestro progreso o estancamiento. Somos responsables de abrir o cerrar canales emocionales. Somos responsables de seguir de manera activa, propositiva y entusiasta la búsqueda de nuestro crecimiento.

Pero, debido a nuestra naturaleza, este ejercicio, altamente complejo, no depende solo de lo que nosotros necesitamos o deseamos. Al crear un lazo emocional, un canal de comunicación, estamos abiertos de manera directa, a las necesidades de otros. Y ahora no solo es un intercambio de una vía, sino de dos vías, donde ahora la función no está basada solo en lo que yo recibo, sino también en lo que yo doy. Este canal es un punto de intercambio en donde se ha dejado el aislamiento para convertirse en un conjunto. La solidaridad con quien estamos unidos, nos conduce a las emociones necesarias para mantener un balance de comunicación. Compartir dolores, sufrimientos, alegrías y experiencias, no significa nada, cuando no hay respuesta bilateral. Cuando se estrecha el canal, se limita el intercambio de emociones, privando nuestra alimentación y bloqueando nuestro crecimiento.

La conclusión más importante es que para crecer de manera consciente y dirigida de acuerdo a nuestros intereses, se requiere una sola premisa: el entusiasmo, la voluntad, la energía que nos brinde la igualdad de condiciones, que nos permita hacer una vida de retroalimentación, que nos conduzca en la misma dirección que con quienes compartimos y nos alimentamos. El ímpetu debe de ser nuestro motor. La lucha verdadera por la identidad, por la felicidad, por la construcción de nuestro propio proyecto, tiene como menester aferrarnos a lo que más deseamos, acompañarnos de los que desean objetivos conjuntos y no dejar de retroalimentar. La retroalimentación social, la lucha permanente por dar y recibir, la búsqueda constante del intercambio es el único combustible que enciende el animo a otros niveles, creando sueños en conjunto. La retroalimentación nos ayuda a vivir la vida lo mejor posible, con disposición y optimismo.

La felicidad puede reflejarse no en un fin único, no en un objetivo concreto, sino en compartir y luchar por querer vivir junto con los que nos alimentan. La felicidad es transmitir lo que somos a los que nos reciben con bondad. La felicidad es saber que hemos luchado hasta el final de nuestras fuerzas para no perder oportunidades. Ser feliz es crecer junto con los que nos conectamos y crear nuevos mundos, nuevas fronteras, nuevos ánimos de búsqueda permanente.

Somos individuos sociables, somos individuos de intercambio, somos individuos de crecimiento y alimentación constante. Nuestra felicidad es crecer, ayudar acrecer y llenarnos de energía, furor, y explosión por ver que todos crecemos juntos y que creamos una unidad a partir de individuos aislados. La felicidad se alcanza cuando podemos reconocer que: Yo soy, ¡Porque nosotros somos!